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lunes, 27 de julio de 2015

¿Si el sufrimiento te lleva al cielo, la felicidad te lleva al infierno?

Hace pocos días vi cómo la soledad golpeaba la mente de una mujer solitaria. Esa ausencia ha ido devorando la cordura de esta alma inocente, bella y marchita. Al ver su desequilibrio supe lo ingrata que a veces suele ser la vida con cierto tipo de personas.


Y esto me hace cuestionarme sobre ¿por qué las personas que más sufren son las más bellas e inocentes?


Al ver a esa mujer llena de tantas preguntas  en su mente, de tantas cosas que quiere contar, de tanto que puede compartir,  y de tan pocas personas que la escuchan en realidad.


Cuando la vi hablarle a la pared sentí miedo pero al mismo tiempo tristeza. Una gran mujer teniendo una discusión fantasiosa consigo misma, con sus demonios.


Esos demonios son reclamos de su ser por cosas del pasado que ya jamás serán,  y un  dolor que nació y se  arraigó por culpa del miedo creado por una doctrina Católica hacia el pecado y la culpabilidad de ser feliz.


Todos hemos vivido el dolor del desamor, y no me  refiero únicamente al de pareja, sino también a ese que uno debe sentir por uno mismo, porque indiscutiblemente hemos estado  pagando una cuota de sufrimiento sin sentido que generación tras generación se nos enseñó.


Por como fui criado, sé que quien dirige nuestras vidas tiene un plan que no vemos y/o comprendemos, y debemos aceptar esos designios celestiales, pero para los que no creen en la existencia de un ser superior, pueden considerarse malditos.


Ahora mirando las dos perspectivas ¿Para qué tanto dolor? ¿Qué  tiene nuestro sufrimiento que es tan apetecido por los dioses? ¿Por qué  la fortuna es sólo para unos y la miseria para muchos? ¿Qué se esconde tras el dolor? ¿Será que son más los momentos de angustia que los de felicidad?


En fin, tantas preguntas y tan pocas respuestas para las almas que son devoradas por el miedo, la soledad y el desamor.


Y es que nacimos, nos criamos y vivimos  bajo una doctrina religiosa y social en donde sin sufrimiento no se llega al cielo.


Entonces he aquí mi cuestionamiento, ¿Si el sufrimiento te lleva al cielo, la felicidad te lleva al infierno?


Y si no existiera no el cielo o el infierno, ¿el sufrir o el ser feliz habría tenido sentido para la vida?

viernes, 29 de mayo de 2015

Mi celular "compañero de vida"


Este es uno de esos días en que te das cuenta de cómo ha avanzado de rápido la tecnología y que si no estás a la par, “te deja el que te trajo”.

Bajo esa premisa empezó mi relación íntima con el celular, a veces pienso que es una maldición, pero en otras ocasiones creo que es una bendición.

Hace unos seis años atrás  veía en las series de televisión como Smallville, Fringe, Big Bang Theory, etc., que los protagonistas hacían inicialmente video llamadas por medio del computador con el súper y mejorado Skype. Algo que me parecía normal y para nada me emocionaba. Conforme fueron pasando los años, ya no eran por la laptop, sino por medio del celular.

Y yo me decía ¡wow qué súper, poder hacer video llamadas por medio de mi celular, es lo mejor! Y desde ahí empezó mi perdición y en cierta medida la adicción a mi nuevo compañero de vida.   

Sí como lo pueden leer, el celular es mi compañero de vida, cualquiera diría ¿y a este baboso qué le pasa?, ¿cómo va a comparar un objeto como un compañero de vida?, ¡es que está loco o qué!

Desde mi perspectiva, y no voy a decir “humilde”, porque sería hipócrita de mi parte decir eso, ya que no cuadra con mi personalidad fashionista con destellos de geek.
Mi día normal es, teniendo en cuenta que sólo trabajo medio tiempo por las tardes, me despierto por la mañana tipo 6:16 a.m., y ya no le doy gracias al universo, Dios, Buda, Krisná o Shiva, de primeras, sino me lanzo directamente a mirar mi celular; pero ¿por qué me sucede esto? Sencillo porque es mi despertador y por ende es lo primero que quiero apagar al abrir mis ojos, y si es que logro abrirlos, mi único interés es apagar la maravillosa alarma con su fastidioso sonido “bib, bib, bib, bib, bib, bib”.

Pero bueno en definitiva no es tan grave, ya me despertó mi querido y amado celular, y aunque a la hora de despertar no lo amo ni poquito, pues simplemente me doy a la tarea de ahora sí armonizar mi alma, darle gracias a Dios por este nuevo día, porque estoy vivo y todas esas cosas que muchas personas muchos no creen o les vale verga, pero pues esa es mi forma de proceder.

Pero mientras hago mi ritual de armonización y uso toda mi concentración para así lograr algo, a los 5 minutos en alguna parte de mi cabeza escucho una vocecita, obvio no de palabras no vayan a creer que estoy para psiquiátrico, en fin.  

Muy adentro de mi cabeza o sesera, una idea o voz me dice, en modo algo dramático: quítale el modo avión al Iphone, miraaaa que  hay cosas que no sabes y tus amigos ya publicaron, estás desactualizado, no le diste like a esa idea tan genial de tu amigo, en fin, mil babosadas que la gente publique.

Pero empieza esa voz a apoderarse de mi ser y cuando menos me doy cuenta ya estoy pegado al celular y me digo, ¿qué estoy haciendo? ¡Mierda! No me voy a dejar llevar por este aparato, voy a subir a hacer ejercicio en la trotadora, me alisto y cuando ya estoy con los tenis puestos me digo, para no perder los 20 minutos sólo trotando, voy a escuchar mis audios de iVoox y así refuerzo mi inglés y sin darme cuanta  o por arte de magia vuelvo a caer.

Entonces me digo a mi mismo, ¿qué putas estás haciendo? Ya supéralo no te dejes manejar por esa hermosa pantalla de alta definición y su carcasa de color blanco, además de su alta capacidad para utilizar miles de aplicaciones sin costo y ¡todas útiles! Mira que antes no tenías estas grandes ventajas, ahora las tienes, ¡el poder es tuyo¡ buajajjaja y sin darme cuenta estoy en Facebook.

Luego empieza otra parte de mi cerebro a decirme, deja de ser flojo y sal ya de Facebook, usa los aplicativos que tienes y aprende, y deja las babosadas para después, mira que debes encontrar un trabajo que te pague más, ya no puedes andar de baboso diciendo a todo que no puedes, madura, estás viejo, no jodas más con esa mierda.

Y así sucesivamente continúa mi día, entre peleas mentales para no perder el tiempo en aplicaciones poco útiles, para utilizar mi atención en las que sí son útiles, pero en definitiva sigo todo el día pegado al celular, ya sea por x, y o z, y aún así me siento desactualizado, sobre todo cuando voy a entre vistas de trabajo, pero eso es otro tema que les contaré luego en mi próximo post.